jueves, 3 de marzo de 2016

EL MAR INTERIOR




 





Hoy, te voy a llevar a dar un paseo por el mar, mas no a ese mar que conoces y que nos lleva entre sus olas, acariciándonos la piel y eleva nuestros sentidos, sino a ese mar interno que todos poseemos, y que nos lleva a la plenitud de nuestra propia esencia. 

Te invito a que juntos caminemos por esa senda interior que nos lleva a conocernos a nosotros mismos, a reconocer nuestros errores para poder corregirlos y que nos hace ser mejores seres humanos cada día; a fin de cuentas, ésa es la verdadera razón de nuestra existencia. 

Cierra tus ojos, mas no tus ojos palpables, sino tus ojos espirituales, ésos que te llevan a navegar lo más profundo de tu corazón; esos que no permiten que tu buque naufrague; esos que te mantienen a flote a pesar de tantas olas que se nos vienen arriba a través de nuestra travesía en ese gran viaje al que llamamos vida. 

Intenta en tu mente, ser como las sirenas, no importa si eres hombre o mujer, las sirenas en realidad no poseen un sexo definido, son simplemente criaturas marinas que forman parte de una realidad existencial en nuestra parte oculta del cerebro; esa que nos permite soñar, imaginar, ser lo que no podemos ser en aquello que llamamos realidad física y que no es otra cosa que un simple pasar de una etapa a otra. 

Sumérgete en este mar tan profundo donde guardas tus momentos, tanto los buenos como los no tan buenos, pues no hay momentos malos, sino difíciles, y que frecuentemente son los que permanecen dando vueltas como una tromba marina en nuestro inmenso y misterioso mar. Busca tus mejores momentos... trasladate en un gran viaje sin tiempo a esas experiencias que han sido maravillosas para ti y que han contribuido en gran forma, a ser lo que eres actualmente.


No tengas prisa; la prisa sólo lleva al cansancio, a la desesperación, a tronchar sueños que viven y que no deben morir jamás, mas bien deben transformarse en la medida en la que vamos pasando por el oleaje. Si el oleaje es fuerte, tus sueños tal vez mermen un poco o cambien un poco por la tempestad, sin embargo, la esencia de los mismos y su finalidad, deben permanecer intactas.

Sonríe si lo deseas, recuerda todas esas maldades o travesuras que hiciste y que en su momento te hicieron reír a carcajadas; tal vez cosas que le pasaron a tus amigos, a tu familia, mientras compartían y que los hicieron unirse más y sentirse en un momento que no hubieran querido que terminara jamás. 

Recuerda ese primer momento contigo mismo (a), cuando comenzaste a explorar tu cuerpo y no entendías las reacciones que éste te producía. Cuando por primera vez fuiste a la escuela o colegio, y el temor que sentías porque ibas a enfrentarte a un mundo que no considerabas tuyo y que, con el tiempo se convirtió en una gran parte de ti. 

Recuerda esos momentos en los que has compartido con tus seres queridos; en esos logros que has tenido a través de tu vida, ya sea que, hayas vivido poco o mucho. Recuerda ese día especial en el que te celebraron una fiesta, o en esa ocasión especial en la que recibiste algún regalo que ansiabas mucho. 

Piensa en las primeras caricias que recibiste y que diste, en las primeras miradas que derretían tu ser por los nervios, en ese primer beso que tanto te atemorizaba y que te hizo cosquillas en el estómago; en los calambres que adormecieron todo tu sistema porque los nervios te traicionaban, y que sin embargo, te producían tantas sensaciones tan intensas, que te llevaron a desear quedarte en ese espacio interior. 

Piensa en todos esos momentos que te llevaron a alcanzar la máxima expresión de lo que puedes sentir. Piensa en todo lo hermoso que has vivido hasta ahora;¿ para qué recordar lo que te hizo daño?, pues aunque fue necesario para enseñarte el camino, son cosas que tuvieron su momento y nada más...

Piensa en los detalles, en esos logros que tuviste de niño(a), de adolescente, de adulto... en las bendiciones que has recibido de Dios a lo largo de tu viaje... ese viaje que lo ves como si no tuviera un fin porque simplemente estás en alta mar y tu destino final se ve muy lejano. Mira ese horizonte... mientras más te acercas, más lejos ves la orilla, pero más hermoso se ve el paisaje. De paso, puedes explorar la belleza que vive en ti, resaltar tus virtudes, compartirlas con otros y tratar de mejorar tus defectos, y para ello, debes comenzar por aceptarlos.


Todos tenemos defectos, pero si los reconocemos e intentamos superarlos, la vida nos regala una segunda oportunidad. No permitas que tu barco se hunda... debes luchar contra viento y marea; recordando que este viaje ha sido un regalo gratuito de la naturaleza, y que debes agradecer a quien te lo obsequió que es quien te da las instrucciones de cómo manejar la embarcación.

Ahora yo me marcho y estarás solo en la continuidad de tu viaje, recuerda que yo también tengo que navegar por otro rumbo... sin embargo, te dejo parte de mi corazón por si en algún momento sientes la necesidad de sentirte acompañado en tu camino, sepas que mi alma te acompaña y te acompañará siempre.

Sigue la ruta... si equivocas el rumbo, sólo detente, mira la brújula, y toma la decisión que tengas que tomar, pero siempre mirando con optimismo, hacia tu destino final...


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